NUEVE DÉCADAS DE DISTRIBUCIÓN JUSTA, LIMPIA Y EFICIENTE

La Cooperativa Eléctrica Benéfica San Francisco de Asís de Crevillent, empresa matriz del Grupo Enercoop,

nace en enero de 1925 con el objetivo de distribuir de forma justa, limpia y eficaz la energía eléctrica, un bien indispensable para el desarrollo de un pueblo eminentemente industrial. Las primeras participaciones en la entidad eléctrica costaron 25 pesetas.

Desde sus inicios, la entidad aboga por el impulso de las energías respetuosas con la naturaleza,

una característica que ha mantenido y potenciado durante sus nueve décadas de andadura, y que la ha convertido en una de las cooperativas energéticas más importantes del país -la entidad recibía de manos del Jefe de Estado el Título de Cooperativa Ejemplar en 1970-, gozando a su vez de un sobresaliente prestigio internacional.

Cooperativa nace en un pueblo con grandes expectativas de desarrollo industrial,

sobre todo en el sector del textil, que utilizaba fibras naturales y que necesitaba modernizarse. Entonces, un pequeño municipio carecía de interés para las grandes compañías eléctricas y Cooperativa apostó por la valentía y la emprendeduría de los crevillentinos. Con el pasar de los años la fabricación de alfombras alcanzó un gran auge, cambiando radicalmente las tornas. Este hecho incentivó notablemente el desarrollo de la entidad energética, que veía ahora compensado su inicial esfuerzo.

Acta de la primera Junta General de la Sociedad Cooperativa Eléctrica Benéfica de Crevillente

En la villa de Crevillente, a diez y nueve de enero de mil novecientos veinticinco, reunidos los señores que al margen se consignan (Vicente Magro Quesada, Hermenegildo Valdés Davó, Ricardo Navarro Maciá, Manuel Mas Galvañ, Vicente Fuentes Maciá, José Candela Lledó, Antonio Espinosa Carreres, José Lledó Galvañ, José Cantó Almodóvar, Joaquín Sánchez Candela, José Almiñana Mauricio, Pedro Espinosa Andreu) en el local del Fomento Industrial Agrícola, domicilio provisional de esta Sociedad, a las diez y siete horas, con objeto de dar cuenta a los señores socios de haberse recibido aprobado por el Excmo. Gobernador Civil de la Provincia, el Reglamento que a dicho efecto fue elevado a dicha superioridad, por D. Vicente Magro Quesada se dio lectura de la comunicación de aquella Autoridad Civil y manifestó seguidamente que se estaba en el caso de constituir definitiva y legalmente esta Sociedad y proceder a la elección de los señores que han de constituir la Junta Directiva de la misma. (…)

Así comienza la primera de las actas de la Junta General de la Sociedad Cooperativa Eléctrica Benéfica de Crevillente. Se intuye por lo expresado que, anteriormente, seguramente a finales de 1924, se realizaron las primeras reuniones que dieron origen a la entidad, de forma oficial iniciada en la fecha indicada en el acta de la primera de las reuniones.

Pocos días después, el 30 de enero, se realizaba la primera de las reuniones del Consell Rector de la Cooperativa, donde se elegían los cargos de su junta directiva, que quedaron así: Vicente Magro Quesada (presidente), Hermenegildo Valdés Davó (tesorero), Ricardo Navarro Maciá (contador), y como vocales: Vicente Fuentes Maciá, José Candela Lledó, Manuel Mas Galvañ, Antonio Espinosa Carreres y José Lledó Galvan. De esta noticia se participa al Gobernador Civil para solicitar la Declaración de Utilidad Pública de la Cooperativa. El 21 de febrero del mismo año, la empresa adquiría al Ayuntamiento una parcela para construir el primer centro de transformación.

Compromiso social

El investigador crevillentino Salvador Puig Fuentes destaca en uno de sus artículos que desde el primer momento,

la Cooperativa llevó el apelativo de “Benéfica”, según cita “porque aquellos hombres desearon que las ganancias netas que se obtuvieran en el futuro redundaran en obras sociales. Se trataba de jóvenes industriales con inquietudes sociales. En sus mentes bullían ideas de renovación y progreso. La clave del éxito estuvo en tomar un bien -la energía eléctrica-, indispensable para el desarrollo de su pueblo, y distribuirlo de forma justa y eficaz”.

Añadir el nombre del santo -en este caso el del patrón de la villa-,

venía de una antigua costumbre muy arraigada en Crevillent. Cuenta Salvador Puig que “nuestros antepasados cuando creaban alguna empresa solían ponerle nombres de santos como implorando su protección para que la aventura que iniciaban tuviera el éxito que perseguían. Así ocurrió en casi todas las sociedades que excavaron en la sierra para alumbrar aguas. Y así pasó con la compañía productora y a la vez distribuidora de energía eléctrica entre 1918-1929, cuyo nombre concreto era La Popular Eléctrica San José”.

La citada sociedad fue absorbida por la Cooperativa Eléctrica cuatro años después de constituirse.

“Los criterios que impuso Cooperativa, comprar energía al por mayor para distribuirla al por menor, desechando el proceso de fabricación, sería la clave del éxito. Precisamente, gestionar producción y distribución fue lo que motivó el fracaso de La Popular, y antes el de D. Antonio Aznar Quesada, el primero en dotar de alumbrado eléctrico a Crevillent a principios del siglo XX. Hombre con gran visión de futuro, pero que no pudo llevar adelante su proyecto”, señala el investigador crevillentino.

“A los problemas inherentes de su motor de gas pobre y a los de la dinamo generadora de corriente eléctrica,

se unieron los frecuentes altibajos de voltaje derivados de una deficiente red de distribución. En el año 1920, además de la Popular, había tres industrias: Manuel Magro Hnos., Augusto Mas Quesada, y Pascual Mas Mas (Hilaturas Mas Candela), con producción propia de electricidad, sin la cual no era posible el funcionamiento de nuevos molinos harineros, telares mecánicos y maquinaria para hilados, respectivamente. Hilaturas Mas Candela, con turnos de trabajo día y noche, fue la empresa que mas perduró con dicho sistema. Incluso años después de adherirse a Cooperativa, sus obreros decían: Treballe en el Motor”, añade Puig Fuentes.

Democracia

Desde sus inicios, la Cooperativa emplea como primera herramienta de trabajo la democracia en sus asambleas. “No hubo, tampoco ahora, discriminación; cada cooperativista un voto independientemente de la energía consumida. Ochenta y nueve años después la generosidad de sus fundadores continua dando frutos cada vez mejores y los crevillentinos se sienten más orgullosos de su Cooperativa de la Llum”, concluye Salvador Puig.